jueves, 10 de abril de 2008

Reflexiones de una futbolera llegando a los treinta.

Llevo unos días pensando en dejar esto del fútbol y dedicarme al cultivo de geranios en maceta, pero mi madre dice que no quiere más plantas, que luego hay que regarlas y de eso nadie nos acordamos. La verdad es que tiene razón, salvo al trocito de cesped de La Romareda que tengo plantado junto al perejil al resto de plantas de mi terraza les hago poco caso.


También he pensado en apuntarme a un curso de Tai Chi que organiza la Casa de Juventud de mi barrio, aunque la verdad no me voy mucho en ese rollo zen y con la pantorrilla levantada en mitad del parque.

Pero yo estoy dispuesta a dejarlo. No entiendo cómo en una ciudad de algo más de medio millón de seres humanos juntos se puede congregar tanta mala leche, -y no me refiero a la que te echa el desaprensivo del camarero por la mañana en el cortado después de haber hecho costra en su jarrita de acero inoxidable-, esto parece la Sicilia de los Corleone, y la verdad, a Agapito le faltan muchos torreznos para coger la hechuras de Marlon Brandon.

Cuánta inocencia perdida... creo que deberíamos proponer una dinámica de grupo, nos vamos a ir todos al parvulario a ver si se nos contagia algo y se nos baja la acidez de estómago. Pero es que es inevitable, que yo ya no se si es envidia o el qué, que tú ves acelerar ese Ferrari de exposición, y piensas: si las mismas ganas que le pones para conducir semejante homenaje del ego masculino las pusiesen en los noventa minutos de trabajo dominical... cuántas tilas me ahorrarías. Y es que al final ya no sabes si la tila te la tienes que tomar tú o es que, cual Obelix, son los señores en calzoncillos los que de niños cayeron en un gran tazón de infusión de tilo.

Tengo que dejarlo, pero mi psicoterapeuta me recomienda que no, que las plácidas tardes de fútbol son buenas para canalizar mi energía. Yo creo que no sabe lo que dice, que un día de estos me tomo lo de "canalizar" al pie de la letra y más de uno acaba haciendo el trayecto Casablanca-Torrero sin piragua.

Sería bueno tal vez que tomase conciencia de mi edad y de mi yo interno y plantearme esto como un juego, un deporte en el que unos gallardos muchachos, luchan en noble batalla por lograr la sublimación del fútbol que es el gol, ir a la grada con la convicción de que voy a disfrutar de la reconfortante competitividad sana de los atletas que anhelan la superación de una forma altruista... ¡JA!...

Si ya lo decía yo, lo mejor, recuperar el humor. He quedado ahora con una amiga para ver unos cursos de cocina conceptual, debe ser eso de la tortilla de patata sin tortilla. A ver si me convencen y dejo el fútbol, que ni contigo ni sin tí tienen mis penas remedio. Una ya no tiene edad y debe dedicarse a tareas más acorde, ya sabes, cursos de pintura, maquetación por ordenador, reuniones tupper-sex... Bueno, que llego tarde a la cita con mi amiga y si no luego no me da tiempo de dejarme preparada la mochila para Getafe. Un saludo.

1 comentario:

Andrés Pérez dijo...

Suscribo completamente esto:

"Si las mismas ganas que le pones para conducir semejante homenaje del ego masculino las pusiesen en los noventa minutos de trabajo dominical... cuántas tilas me ahorrarías."

Un abrazo. Y a seguir sufriendo.

La Boba de Nico v2.0 - Octubre de 2007 © Srs. Ló-Sánchez